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Unai Elorriaga

Unai Elorriaga leyó sus textos en Almendralejo el 16 de marzo de 2006.
NOTA BIO-BIBLIOGRÁFICA

Unai Elorriaga nació en Bilbao en 1973. Es licenciado en filología vasca, trabaja como traductor en el Instituto Labayru y ha escrito artículos en distintos periódicos. Se dio a conocer en los premios literarios organizados por el diario Deia y su relato Laztanik salinera (La caricia más profunda) fue incluido en la antología de narradores bilbaínos Bíllbao Ipuin Biltegia (Bilbao Almacén de Ficciones).

En 2002 obtuvo el Premio Nacional de Narrativa por Un travía en SP, escrita y publicada en euskera antes de ser traducida al castellano por el propio autor. Fue él mismo quien se ocupó de la versión en español de su posterior novela, Van’t Hofferen ilea (El pelo de Van’t Hoff, 2004). Su tercer libro, Vredeman, ha sido presentado recientemente y editado, por el momento, sólo en euskera. Ha publicado también una serie de ensayos bajo el título Literatur ideia batzuk (Labayru, 2001).

TEXTOS

“Lucas le solía decir a Marcos que el día tiene dos partes. “Casi todos los días tienen dos partes: el día en sí y cuando el día empieza a dejar de ser día”. Decía que el día en sí era para hacer cosas, para ir y venir, para serrar si había que serrar y para hablar si había que hablar. Pero que cuando el día empezaba a dejar de ser día las cosas cambiaban bastante. Cuando el día empezaba a dejar de ser día era para contar. Para contar las idas y venidas, para contar qué se había hecho con la sierra y para contar con quién se había hablado y de qué. Para eso era, esencialmente, el final del día. Lucas le contaba a Marcos que había una tribu en Australia en la que elegían a una persona. “Eligen a una persona para contador de la tribu. El contador ve cosas y piensa cosas. Después se las cuenta a los demás, cuando el día se va acabando”. Decía Lucas que ése era su oficio, que no tenía que cazar al contador, ni cocinar, ni pelear…, que era el contador de la tribu y que ése era su oficio”.

(De Un tranvía en SP, Madrid, Alfaguara, 2001)

 

“Sacó la pelota del bolsillo entonces y empezó a jugar. El juego era tirar rodando la pelota de un ejército a otro, para tumbar a los soldados de enfrente, hasta que no quedase uno en pie. De vez en cuando, eso sí, la serpiente de la pelota intentaba darle un mordisco a alguno de los soldados. No porque le tuviera un odio especial, sino porque les quería hacer reflexionar sobre su profesión; intentaba que pasasen de ser soldados de plástico a ser carteros de plástico o bomberos de plástico.

Y así fue como estuvo Matías jugando; haciendo el papel de Miguel por una parte, y haciendo el papel de Matías por otra, de un frente al otro. Al final ganó Matías, por supuesto; cuando cayó el último soldado de Miguel, había dos de Matías que seguían en pie, tiesos y con cara de desprecio, como no podía ser menos. Uno era de plástico verde y el otro de plástico marrón”.

(De El pelo de Van’t Hoff, Madrid, Alfaguara, 2003)

PARA SABER MÁS

Wikipedia
Entrevista en Revista Teína (nº 8, 2005)
Poética de Unai Ellorriaga en Poesía Digital

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