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Archive for the ‘7 Ignacio Martínez de Pisón’ Category

Ignacio Martínez de Pisón leyó sus textos en Almendralejo el 1 de marzo de 2007.

NOTA BIO-BIBLIOGRÁFICA

Ignacio Martínez de Pisón nació en Zaragoza en 1960. Licenciado en Filología Hispánica y en Filología Italiana ha visto su obra traducida al francés, italiano y alemán. Es considerado uno de los autores españoles más destacados de las últimas décadas. Además de novelas (La ternura del dragón, Nuevo plano de la ciudad secreta —Premio Gonzalo Torrente Ballester de novela 1992—, Carreteras secundarias, María bonita, El tiempo de las mujeres), ha publicado varios libros de cuentos (Alguien te observa en secreto, Antofagasta, El fin de los buenos tiempos, Foto de familia), novelas juveniles (El tesoro de los hermanos Bravo, El viaje americano, Una guerra africana), ensayos (Enterrar a los muertos) y adaptaciones para teatro (El filo de unos ojos). Realizó el guión cinematográfico de Carreteras secundarias, película dirigida primero por Emilio Martínez Lázaro y posteriormente por Manuel Poirier (Chemins de traverse). Actualmente colabora en varios medios de comunicación.

TEXTOS

“Yo era un hombre hermoso, desconocía la inminencia de lo caduco y las razones que el tiempo pudiera albergar para agraviarme; podía muy bien apoyar un brazo sobre el techo de ese automóvil con la belleza clásica de los músculos en reposo o fingir ante la cámara, ante la engañosa eternidad de la cámara, que mi otro brazo exploraba con picardía las sendas clandestinas del vestido de esa joven lánguidamente recostada en mi cuerpo; podía muy bien susurrarle obscenidades al oído mientras el fotógrafo pulsaba el botón o sentir una dicha momentánea pero plena, ignorar que algún día, ya viejo, hallaría esa foto entre las páginas de un libro e intentaría en vano recordar el nombre, el origen, el carácter de aquella joven, siquiera el timbre de su voz o el color de sus ojos”.

(De Alusión al tiempo, Alguien te observa en secreto, Barcelona, Anagrama, 1985)

 

“Me acompañaba a la biblioteca y me decía: Llévate éste, éste y aquél. A veces me dejaba sus propios libros, cuidadosamente forrados con papel de periódico. Yo me llevaba a casa sus libros y los libros de la biblioteca, y los devoraba. Luego ella me preguntaba qué me había parecido y yo le decía: El de Unamuno me ha gustado pero… Me decía: ¿Pero? Le decía: Pero me habla de unos asuntos que ni tienen nada que ver conmigo. Tanto Dios y tanta religión: ¿qué me importan a mí sus problemas de conciencia? Antonia arqueaba las cejas y proseguía: ¿Y el de Kafka? Y yo le decía: Qué vida tan triste debió de tener ese hombre. Mientras lo lees no puedes parar de pensar que el mundo está mal hecho y patas arriba. Antonia se echaba a reír y decía: ¿Y no es verdad?, ¿no es verdad que el mundo está patas arriba?

Los libros se convirtieron para mí en algo superior, trascendente. Ajeno a la insignificancia de las cosas normales. Cada uno de ellos encerraba la promesa de un tesoro. Me detenía ante los escaparates de las librerías y me preguntaba cuál de esos volúmenes cumpliría su promesa. Pero para saberlo tenía que comprarlos todos, y eso escapaba a mis posibilidades. La biblioteca la había descubierto gracias a Antonia. En la biblioteca todos esos tesoros estaban expuestos como cofres abiertos”.

(De El tiempo de las mujeres, Barcelona, Anagrama, 2003)

PARA SABER MÁS

Wikipedia
Entrevista en “Revista Teína”, (nº 5, 2004)
Entrevista en “El Mundo”, (3 de febrero de 2003)

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